Influencias e interferencias francófonas en las colecciones de novela negra y policíaca en lengua catalana

Influences et interférences francophones dans les collections du roman noir et policier en langue catalane - Influences and interferences francophone in collections of crime and detective novels in the Catalan language

Résumé : Cet article analyse le rôle de la France comme matrice fondamentale du roman noir et policier dans l’espace catalan, tant sur le plan historique que sur celui des pratiques éditoriales.  D’une part, il rappelle l’impact des traductions de roman noir nord‑américain, du succès de la « Série Noire », du cinéma noir et de l’existentialisme, ainsi que le poids du français comme langue de prestige pour la bourgeoisie catalane et l’influence du Mai 68 et du « néo‑polar ».  D’autre part, il montre comment cette tradition se concrétise dans deux grandes collections catalanes de référence.  « La Cua de Palla » (1963‑1970) d’Edicions 62, conçue comme équivalent catalan de la « Série Noire », propose au lectorat une sélection de classiques américains et d’auteurs européens, notamment français, avec une forte dimension existentielle, critique et sociale, et un dispositif graphique directement inspiré des collections françaises.  Plus tard, « La Negra » de La Magrana (1986‑1996) consolide ce dialogue avec la France en intégrant le « néo‑polar » et en publiant des auteurs tels que Boris Vian, Jean‑Patrick Manchette ou Didier Daeninckx, tout en articulant la contestation politique et la dénonciation des violences institutionnelles avec le contexte catalan de l’après‑dictature.  L’étude conclut que l’influence française dépasse la simple importation d’auteurs pour toucher les philosophies éditoriales, les stratégies de collection et l’imaginaire même du roman noir  en catalan.

Resumen: El artículo examina cómo Francia se constituye en referente central de la novela negra y policíaca en Cataluña, tanto desde el punto de vista histórico como editorial.  En primer lugar, recuerda la llegada del género a través de las traducciones de novela negra norteamericana, la influencia de la mítica «Série Noire», la recepción del cine negro y el peso del existencialismo y de la militancia política, además del prestigio del francés como lengua de cultura para la burguesía catalana y del impacto del Mayo del 68 y el «néo‑polar».  En segundo lugar, estudia cómo estas influencias cristalizan en dos colecciones catalanas emblemáticas.  «La Cua de Palla» (1963‑1970), de Edicions 62, se plantea como la «Série Noire» catalana, con un diseño gráfico y una filosofía de selección claramente deudores de los modelos franceses y un catálogo que combina autores estadounidenses y europeos, con notable presencia de escritores franceses y una fuerte carga testimonial y crítica.  Años más tarde, «La Negra» de La Magrana (1986‑1996) incorpora de forma decidida el «néo‑polar» francés, publica a Boris Vian, Jean‑Patrick Manchette y Didier Daeninckx, y articula una narrativa de denuncia política y social muy vinculada a la Cataluña de la posdictadura.  El trabajo concluye que la influencia francesa afecta tanto a la elección de autores como a las filosofías editoriales, los diseños y la configuración del género negro en catalán.

Abstract: This article explores France as a key model for Catalan crime and noir fiction, focusing on historical reception processes and on concrete editorial practices.  First, it examines how the genre reached Catalonia through translations of American hard‑boiled fiction, the impact of Gallimard’s «Série Noire», film noir, existentialist thought and political engagement, together with the prestige of French as a cultural language among the Catalan bourgeoisie and the influence of May 1968 and the subsequent «néo‑polar» movement.  Secondly, it analyses how these elements materialised in two major Catalan series.  «La Cua de Palla» (1963–1970), published by Edicions 62, was conceived as a Catalan «Série Noire», with graphic design and editorial philosophy modelled on French collections and a catalogue that combined American classics with European writers, giving particular prominence to French authors and to socially engaged, existential and critical narratives.  Later, La Magrana’s «La Negra» (1986–1996) consolidated this dialogue by embracing French «néo‑polar», publishing authors such as Boris Vian, Jean‑Patrick Manchette and Didier Daeninckx, and by articulating political and social critique in tune with post‑dictatorship Catalonia.  The article argues that French influence goes beyond the selection of writers, shaping editorial philosophies, collection design and the very configuration of Catalan noir fiction.

Francia como referente: colecciones catalanas de novela negra y policíaca

Francia es, por tradición y definición, el epicentro de la novela negra en Europa. El desarrollo del género nos llegó desde esta geografía por diversas vías: desde las traducciones de novela negra norteamericana en los años cuarenta; la importancia e influencia de la mítica colección «Série Noire», así como la entrada de los films noirs. Más allá de estos factores deben mencionarse otros de índole histórica como la importancia del existencialismo y de la militancia política de este movimiento que barrió los restos del vanguardismo e influyó en Cataluña, así como la relevancia del francés como lengua de cultura influyente de la burguesía catalana durante buena parte del siglo pasado. Además, debe hacerse hincapié en la trascendencia del mayo del 68, que originó el movimiento del «néo-polar» y que supuso un cambio de perspectiva y de enfoque del género negro. Tal es la importancia de la huella francesa en la cultura catalana que Manuel Vázquez Montalbán aludía a varias circunstancias.

Los críticos de la Nouvelle Vague habían encumbrado a los cineastas americanos de la serie negra, auxiliados en sus guiones por autores tan reputados como Faulkner y encarnados por Bogart o Edward G. Robinson y habían celebrado la modernidad narrativa de aquellos escritores que eran la fuente literaria de las películas. El afrancesamiento de la cultura española de la oposición hizo el resto. Las novelas policiales americanas y las películas a que dieron lugar cobraban un relieve inusitado y sus efectos se dejaron sentir preferentemente ya desde los años sesenta.1

Más allá de dicha tradición e influencia histórica y literaria, Francia será también un país pionero en lo que se refiere a las colecciones literarias. Desde «Le Masque» (1927) de la Librairie des Champs-Élysées, «La Clé» d’Éditions Rouff (1938-1946), la ya citada mítica «Série Noire» (1945) de Gallimard, «Un Mystère» de Presses de la Cité (1949-1966); «Crime Club» de Denoël (1958-1974), entre muchas otras. No es de extrañar que con tal tradición las grandes colecciones catalanas tomaran como modelo numerosas filosofías de estas colecciones, se inspiraran en muchos de sus diseños y publicaran numerosos de sus autores, auténticos pioneros e introductores de esta modalidad narrativa.

«La Cua de Palla» (1963-1970): la «Série Noire» catalana

La primera colección de novela negra en catalán apareció ya durante la década de los sesenta. La necesidad de ampliar perspectivas vitales y literarias después de los años de posguerra favoreció un tipo de escritura que tuviera cierta relación con cuestiones sociales, históricas y políticas. De hecho, se produjo una necesidad de aumentar los horizontes que tendrá una reactivación efectiva en los llamados «géneros narrativos populares», debido al incremento del consumo y la cultura de masas por parte de las nuevas generaciones. Buena prueba de ello es que empezaron a proliferar algunos títulos y algunas propuestas de colecciones de literatura popular en lengua catalana. Sin duda, la más emblemática fue «La Cua de Palla» (1963-1970), de Ediciones 62, que se presentaba como «la mejor colección de novelas de suspense del mundo», y que nacía gracias a la iniciativa de los editores Max Cahner y Ramon Bastardas, que dieron a conocer una selección poliédrica de títulos, desde los grandes clásicos norteamericanos hasta los europeos más rigurosamente contemporáneos.

“La Cua de Palla” nació con unas intenciones bien concretas: facilitar al lector catalán habitual un tipo de literatura que hasta ese momento había tenido que leer siempre en castellano (o, a veces, los más privilegiados en francés o en inglés) y proporcionar a los numerosos adictos del género poco preocupados por la lengua una oportunidad de practicar la nuestra y, eventualmente, de interesarse, a la hora de leer otros libros. Dos razones, como se puede apreciar, estrechamente relacionadas y muy elogiables2.

El diseño de la colección se inspiraba en buena parte en la mítica «Série Noire» (1945) de Gallimard. Las cubiertas fueron diseñadas por Jordi Fornas, con un estilo pop, utilizando fotografías quemadas en negro como color de estética dominante acompañado de un fondo amarillo cromático inspirado en la «Serie Amarilla» de la editorial Molino de la cual Fornas era un fiel seguidor, así como las notorias campañas publicitarias que también fueron de clara inspiración del sello de Gallimard. Más allá de la confección y semejanza de los productos, ambas colecciones tuvieron más paralelismos. En primer lugar, fueron dirigidas por directores de prestigio: si la «Série Noire» tuvo al editor, actor y guionista Marcel Duhamel al mando desde 1945 a 1977, «La Cua de Palla» la dirigió Manuel de Pedrolo, sin duda el escritor más prolífico y relevante del siglo xx de las letras catalanas. En segundo lugar, el criterio y la filosofía de títulos también compartían gustos afines por el interés de publicar literatura testimonial, existencialista y crítica alejadas de la literatura policiaca del pasatiempo o enigma. Ambos directores también tradujeron buena parte de los primeros números: si Duhamel lo hizo con Peter Cheyney, William Riley Burnett, Jonathan Latimer, James Hadley Chase, James M. Cain, Pedrolo también traduciría a Cain y otros como Ross MacDonald, Mickey Spillane, Margaret Millar y el francés Sébastien Japrisot. «La Cua de Palla» publicaba entonces en su catálogo mayoritariamente autores americanos y también europeos, entre los cuales destacaron un buen número de escritores franceses. El gusto de Pedrolo por la novela negra francesa se justificaba también por su excelente conocimiento del idioma del que llegó a traducir hasta 66 títulos, además de varias novelas de Georges Simenon para la editorial Albor que firmaba como traductor Ferran Canyameres, ya que el escritor belga solo quería en exclusiva un traductor por cada país. Pedrolo era además un lector entusiasta, fiel seguidor de Le Figaro Littéraire y buen conocedor de las grandes colecciones y tendencias en Francia.

Por este motivo no debe sorprendernos que el número inaugural de la colección fuera Parany per a una noia (1962,Piège pour Cendrillon) del escritor y cineasta marsellés Sébastien Japrisot, seudónimo de Jean-Baptiste Rossi, que consiguió precisamente con este título el Grand Prix de Littérature Policière, una novela de intriga psicológica que obtuvo el voto unánime de la crítica y llevada al cine gracias a André Cayatte. No fue el único título ya que un año después se publicó Víctimes en fals (1962, Compartiment tueurs), una novela de suspense adaptada por el director greco-francés Costa-Gavras y también Adéu, amic (Adieu l’ami, 1968) un exitoso thriller con nueva adaptación cinematográfica de Jean Herman. Dentro de la colección, destaca también la presencia de Fred Kassak, seudónimo de Pierre Humblot, con Carambolades (1962, Carambolages), un texto repleto de humor negro que le valió la nominación al Grand Prix de L’humour noir. En palabras de Claude Mesplède, Kassak construía magistralmente “maquiavélicas intrigas y oscuras conspiraciones”3.

A lo largo de su selección de títulos, Pedrolo se decidió también por dar a conocer al lector catalán Pierre Véry, librero y escritor de atmósferas rurales con tres títulos: Els desapareguts de Saint-Agil (Les Disparus de Saint-Agil, 1935) novela que rememoraba su infancia, con realización de Christian-Jaque, Goupi mans roges (Goupi-Mains rouges, 1937) adaptada por Jacques Becker y El senyor Marcel de la funeraria (M. Marcel des Pompes Funèbres, 1964), novelas donde se mezcla en ocasiones la intriga con una gran dosis de fantasía. Durante aquellos años el lector catalán también pudo leer al poeta Auguste Le Breton, personaje perturbado que vivió en orfanatos y frecuentó los bajos fondos del que se inspiró para escribir Batudes a la ciutat (Rafles sur la ville, 1955) traducida por el también poeta catalán Joan Oliver. Caso a parte merece la presencia de Georges Simenon que se incorpora a la colección en 1964 gracias a su exitoso comisario Jules Maigret, con la publicación de hasta doce títulos, que según Pedrolo:

a pesar de haber estado repetidamente traducido al castellano desde los tiempos que la difunta editorial Albor publicó docenas de sus obras, Simenon continúa gozando del favor de los lectores catalanes. Hasta el extremo, precisaré, que de sus títulos hemos vendido siempre el doble que, de cualquier otro título de otros autores, sin excluir novelistas como Dashiell Hammett y Handley Chase, por citar dos de los más conocidos y de un prestigio indiscutible.4

Después de publicar setenta y un títulos la colección cerraba sus puertas en 1970 por diferentes causas de carácter comercial, problemas con la censura, escasez de lectores, así como una crisis editorial que comportó graves consecuencias de dirección y de producción y que impidieron continuarla.

Años más tarde, concretamente en 1981, la colección resucitaba bajo el nombre «Seleccions de La Cua de Palla» y fue dirigida inicialmente bajo la mano anónima del escritor Jaume Fuster que, como admirador del polar francés, decidió reeditar y publicar algunos títulos. Entre ellos, el de Auguste Le Breton y Sébastien Japrisot, además de dar a conocer por primera vez en catalán a Jean-Patrick Manchette con L’Afer N’Gustro (1971, L’Affaire N’Gustro), concretamente en el número 36, antes de que llegara el especialista Javier Coma a dirigirla y publicase estrictamente autores norteamericanos.

«La Negra» de La Magrana: el «néo-polar» en el punto de mira (1986-1996)

Algunos años más tarde, concretamente en 1986, nacía «La Negra» de Ediciones La Magrana, la otra gran colección del siglo xx junto con «Seleccions de La Cua de Palla» dirigida inicialmente por Àlex Broch y después por el escritor barcelonés Jaume Fuster, considerado uno de los pioneros del género en España en la década de los setenta, junto a Manuel Vázquez Montalbán, Juan Madrid y Andreu Martín. Fuster destacaba también por ser un gran lector del polar francés, traductor -por ejemplo de Émile Gaboriau y Honore de Balzac- cuando explicaba en varias ocasiones que «indiscutiblemente, los autores americanos son los que más me interesan como Hammett, Chandler, McCain, MacDonald, Himes. Y algún francés: Simenon, Japrisot, Manchette y por otros motivos, Vian5.

Sobre el diseño de la colección destacaba también el color negro de las cubiertas en consonancia con el nombre de la colección. En cada una de ellas constaba una fotografía dando un aire fílmico al diseño y en la parte superior de la cubierta había un rectángulo de un color llamativo con el nombre del autor o autores, el título de la novela y el logotipo. Las líneas de publicación eran tres: la primera iba destinada a publicar autores catalanes, la segunda algunos autores norteamericanos y la tercera y no por ello menos importante se dedicó a publicar literatura europea de los últimos cincuenta años, periodo de gran producción y de fuertes influencias francesas. Entre la nómina de autores destacan las cuatro novelas del trompetista, productor de cine y escritor Boris Vian que firmaba sus novelas negras bajo el seudónimo de Vernon Sullivan. Fue el caso de Escopiré sobre les vostres tombes (J’irai cracher sur vos tombes, 1946) sobre la violencia, problemas raciales y el sexo; Elles no se n’adonen (Elles se rendent pas compte, 1950), una novela paródica y surrealista protagonizada por el detective aficionado Francis Deacon; Tots els morts tenen la mateixa pell (Les Morts ont tous la même peau, 1947) y Mort als lletjos (Et on tuera tous les affreux, 1948), novela que tuvo la peculiaridad de publicarse por entregas en aquel año en el periódico France-Dimanche, año donde reveló quién se escondía detrás del sobrenombre. Otra de las publicaciones destacadas fue la del guionista y escritor parisino Albert Simonin en No toqueu la guita (Touchez pas au grisbi!, 1953) primera entrega de la trilogía protagonizada por Max le Menteur, que fue adaptada al cine con gran éxito por Jacques Becker en 1954. Dentro de los autores más clásicos reincide nuevamente la presencia de Auguste Le Breton -que, recordemos, ya había estado publicado en «La Cua de Palla»-, con la publicación de Rififi (Du rififi chez les homes, 1953), publicada en la «Série Noire», que se convirtió en una serie llamada popularmente con el mismo nombre, con un total de 13 volúmenes donde despliega todo el conocimiento del argot convirtiéndolo en lengua literaria. Por último, debe mencionarse también a Léo Malet, gracias a la serie protagonizada por su detective privador Nestor Burma. En la colección catalana solo se publicó la primera entrega Carrer de l’estació, 120 (120, rue de la Gare, 1942), que iniciaba las andaduras del personaje y fue considerado por la crítica catalana como «el detective que dejaba KO al misterio”, […] el sucesor principal del comisario Maigret de Simenon, siendo el primer detective de la novela policiaca francesa y precedente de la famosa “Serie Noire” de la editorial Gallimard».6

Sin embargo, entre las publicaciones destacó la incorporación de autores y títulos que estaban de moda en la Europa de aquel momento con especial atención al «néo-polar», movimiento nacido en Francia a principios de los setenta, desencadenado fundamentalmente por los sucesos acontecidos por el mayo del 68, que supusieron el fin de las utopías y de los ideales revolucionarios. Se trataba de una literatura reivindicativa y contestataria muy acorde con los intereses de los movimientos contestatarios catalanes después de la dictadura y que a su vez eran textos críticos que actuaban como portavoces de las denuncias sociales y las desigualdades. Además de ello, la violencia institucional y las injusticias temáticas también iban muy acordes al contexto de represión de las libertades en Cataluña. Nuevamente en palabras de Manuel Vázquez Montalbán se trataba de un grupo que concebía «la novela negra como novela de izquierdas, incluso como única novela factible, que defendía desde una cierta posición trotskista los novelistas franceses como Jean-François Vilar, Didier Daeninckx, Thierry Jonquet»7. Destaca dentro de la colección la publicación de nuevo del padre del movimiento Jean-Patrick Manchette a quien François Guérif considera el padre espiritual del movimiento, un escritor «engagé» que ya desde muy joven confesó sentirse atraído por la «Série Noire». Nuevamente Fuster decide publicar en este caso Nada (Nada, 1972), toda una crítica al terrorismo de izquierdas y a la manipulación por parte del Estado llevada al cine por Claude Chabrol. Se trataba de una trama de

conductas, crímenes, persecuciones, realismo, intriga e incluso una concepción del código ético de los personajes son presentes en Nada, reconocida como principal novela de la nueva narrativa policial francesa, mito, emblema, auténtico clásico para unas generaciones que dejaron de creer que les mandaban sus padres, sus maestros y sus dirigentes sociales. Como los protagonistas de Nada, asumieron que los únicos líderes posibles eran ellos mismos y apostaron por la contestación y el inconformismo. Después vendría la resaca…8

Otro de los autores traducidos de aquella generación es Didier Daeninckx, autor «cuya obra es una especie de contranovela nacional construida sobre las cenizas de acontecimientos históricos poco honrosos de la historia de Francia9». Se publicaron dos títulos: el primero Mèmoria mortal (Meurtres pour mémoire 1984), que obtuvo el Grand Prix de Littérature Policière. La novela denuncia los trágicos acontecimientos del 17 de octubre de 1961 durante una manifestación del Frente de Liberación Nacional contra la guerra de Argelia que acabó con más de doscientas víctimas mortales. La trama está protagoniza por el inspector Cadin, en una acción intercalada con una prolepsis veinte años después donde el hijo de uno de los fallecidos, Bernard Thiraud, investiga la condena a muerte de Charles de Gaulle, que también será victima de asesinato. Cuatro años después Fuster decide volver a publicarlo con El gegant inacabat (Le Géant inachevé, 1984), un nuevo polar detectivesco de denuncia sobre el poder y la corrupción política donde aparece nuevamente su personaje serial. El último de los autores del «néo-polar» que se publicó fue Marc Villard en Un cotxe a la nit (Corvette de nuit, 1981) una novela negra caracterizada por diálogos repletos de argot y ambientaciones con un claro homenaje a la novela negra norteamericana.

Otros datos interesantes de la colección fue encontrar listas de títulos -algunos de los cuales ya se habían adquirido los derechos- y que nunca se llegaron a publicar. Entre ellos, Pierre Boileau y Thomas Narcejac (Celle qui n’était plus y D’entre les morts), Jean Vautrin (Billy-Ze-Kick y Bloody Mary), Georges Simenon (Liberty Bar), Thierry Jonquet (La bête et la belle) y Jean-Patrick Manchette (Ô Dingos, Ô Château!). Durante aquellos años también debe mencionarse la editorial Área Contemporània que creó el sello «Área Simenon» para publicar nuevamente la obra completa del escritor belga. La iniciativa duró poco y cerró después de haber publicado dieciséis títulos. También deben mencionarse durante aquellos años otras colecciones policíacas para los jóvenes, como «La Maleïda», en la editorial Pirene, el 1987. Dirigida a lectores jóvenes, publicaba autores de calidad como el duo Pierre Boileau y Thomas Narcejac, así como Pierre Gamarra y Robert Escarpit.

A partir del análisis realizado sobre las interferencias e influencias francófonas en las principales colecciones en lengua catalana, podemos observar que no se trata únicamente de la elección de determinados autores, sino también de la asimilación e inspiración en las filosofías editoriales y en los diseños de las colecciones francesas más representativas. «La Cua de Palla» de Edicions 62 y «La Negra» de La Magrana, cada una con su periodo histórico concreto, constituyen dos de las colecciones más representativas del género negro en lengua catalana, que, a la vista de lo narrado son de gran influencia francesa.


  1. Serna, Justo. «Yo maté a Kennedy». El Imparcial, 2-6- 2001, p. 6. ↩︎
  2. Pedrolo, Manuel de «Què falla “La Cua de Palla”?», Serra d’Or, nª. 149, 1972 p. 109 ↩︎
  3. Mesplède, Claude, Dictionnaire des littératures policières, Paris:  Joseph K, 2003 p. 71. ↩︎
  4. Pedrolo, Manuel de  «Què falla “La Cua de Palla” ?», Serra d’Or, núm. 149, p. 108-110, 1972, p. 45. ↩︎
  5. Vila, Joaquim; Navarro, Txiqui. «Jaume Fuster. El costant desafiament». L’Hora de Catalunya, 21-28 enero, 1981, nª90, p. 37. ↩︎
  6. Castillo, David, «El detective libertario Nestor Burma». La Vanguardia, 18-11-1988, p. 50. ↩︎
  7. Tyras, Georges, Geometrías de la memoria, Granada: Zoela, 2003, p. 96. ↩︎
  8. Castillo, David, «El nihilisme incondicional de Jean-Patrick Manchette », Avui, 8-1-1989, p. 30. ↩︎
  9. Lemaitre, Pierre, Diccionario apasionado de la novela negra, Barcelona : Salamandra, p. 113. ↩︎

Castillo, David, El detective libertario Nestor Burma. La Vanguardia, 18-11-1988, p. 50.

Castillo, David, «El nihilisme incondicional de Jean-Patrick Manchette », Avui, 8-1-1989, p. 30.

Lemaitre, Pierre, Diccionario apasionado de la novela negra, Barcelona : Salamandra, 2021, p. 113.

Mesplède, Claude, Dictionnaire des littératures policières, Paris: Joseph K, 2003, p. 71.

Pedrolo, Manuel de.  «Què falla “La Cua de Palla” ?», Serra d’Or, nº. 149, p. 108-110, 1972, p. 45 // 109.

Vila, Joaquim, Navarro, Txiqui, «Jaume Fuster. El costant desafiament»,  L’Hora de Catalunya, 21-28 enero, 1981, nº. 90, p. 37.

Serna, Justo, «Yo maté a Kennedy». El Imparcial, 2-6- 2001, p. 6.

Tyras, Georges, Geometrías de la memoria, Granada : Zoela, 2003, p. 96.

Parution : 08/06/2026
Revue : Líneas
Langue principale : Espagnol