Las colecciones negras y policíacas en España:  evolución e influencias

Les collections policières en Espagne : évolution et influence - Detective series in Spain: development and influence

Resumen: El artículo analiza la evolución de las colecciones de novela policíaca en España durante el siglo XX y muestra cómo su desarrollo estuvo marcado por influencias extranjeras, sobre todo italiana, norteamericana y argentina. Desde las primeras series populares hasta el auge de los bolsilibros y el “boom” de los años ochenta, las colecciones difundieron autores clásicos y nuevos modelos narrativos, al tiempo que transformaron cubiertas, formatos y estrategias editoriales. También explica cómo el exilio, la censura y el mercado condicionaron tanto la selección de títulos como el uso de seudónimos y pseudo-traducciones.

Résumé : L’article retrace l’histoire des collections de romans policiers en Espagne au XXe siècle et souligne l’importance des influences italienne, américaine et argentine dans leur évolution. Des premières séries populaires aux bolsilibros, puis au boom éditorial des années 1980, ces collections ont diffusé des classiques du genre tout en modifiant les formats, les couvertures et les pratiques éditoriales. Le texte montre aussi que l’exil, la censure et les logiques commerciales ont fortement influencé les choix de traduction, les pseudonymes et les pseudo-traductions

Abstract: The article examines the history of crime-fiction collections in Spain during the twentieth century and shows that their development was shaped by Italian, American, and Argentine influences. From early popular series to pocket-book formats and the publishing boom of the 1980s, these collections helped spread classic detective fiction while changing book design, formats, and editorial strategies. It also highlights how exile, censorship, and commercial pressures affected title selection, pseudonyms, and pseudo-translations.

Espagne, 1942-1989

Las colecciones, es decir, el conjunto de libros publicados por un mismo editor y que responden a criterios comunes, han tenido una importancia fundamental en la difusión de la novela policíaca en España a lo largo del siglo xx. Dirigidas a un público popular y con una presentación uniforme, aparecen a principios de siglo y quioscos y librerías se llenan de novelas de crímenes a bajo precio, con cubiertas fácilmente identificables e historias llenas de intriga y misterio. Así mismo, y centrándonos en el período que va desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín, las colecciones españolas han recibido significativas influencias externas que han ido configurando su evolución.

Si trazamos un recorrido histórico, en el París ocupado de 1942 –el mismo año de su fundación–, la editorial Albor del exiliado catalán Ferran Canyameres consigue por 40.000 francos los derechos de traducción para España de las obras de Georges Simenon, con la condición de que haya un solo traductor. Así, las firma él mismo pero serán traducidas, además, por Rafael Tasis, Sebastià Gasch, Just Cabot y Frederic Pujolà. Canyameres se asocia con la editorial Aymà en 1948 para iniciar su publicación en Barcelona, con unas magníficas cubiertas de Ricard Giralt Miracle1[1], y hasta 1953 editarán 72 novelas: 29 en la colección « Albor », 36 en « Maigret en acción » y 7 en « Novelas policíacas ».

Poco después, en 1944 el editor Saturnino Calleja presenta « El Elefante Blanco », que al año siguiente se especializa en novela policíaca y publicará 164 títulos hasta 1954 de autores como Edward Wallace, Ethel Lina White, John Dickson Carr o Josephine Tey, y en 1945 la editorial Molino lanza al mercado la colección « Selecciones de Biblioteca Oro », donde mantendrá una política de reediciones de obras de Agatha Christie, Erle Stanley Gardner, Rex Stout y otros autores clásicos de gran éxito de su fondo editorial, que consigue llegar hasta principios del siglo xxi. Sin embargo debemos remontarnos a la década anterior para calibrar el influjo que ejercieron los libros amarillos de Mondadori en Molino y en otras editoriales españolas de la época.

La influencia italiana

A propuesta del asesor editorial Lorenzo Montano y con la visión comercial que Luigi Rusca percibe en la novela policíaca, en junio de 1929 Arnoldo Mondadori funda en Milán « I Libri Gialli ». La colección arranca con cuatro títulos, con cubiertas amarillas con un hexágono que enmarca la ilustración –que muy pronto pasará a ser un círculo–, texto a dos columnas, y el primer mes vende cincuenta mil ejemplares. La selección de títulos es mayoritariamente de autores británicos e italianos –el fascismo impone un mínimo del veinte por ciento de autores del país– y en 1933 se hace cargo de la dirección Alberto Tedeschi.

Ese mismo año, el extraordinario éxito alcanzado en Italia por la colección de Mondadori anima al editor Pablo del Molino a emprender la fundación de la Editorial Molino, para publicar diversas vertientes de la literatura popular. Crea la colección « Biblioteca Oro2 » con tres series, numeración propia y color identificativo. Así, la « serie azul » se dedica al western, la aventura colonial o a la acción en el sentido más amplio mientras que la « serie roja » se destinará a la novela histórica, de capa y espada o el folletín y, la más importante de todas, la «serie amarilla» a la ficción policíaca, que inicia su andadura con « La banda de la Rana »  (The Fellowship of the Frog,1925), de Edgar Wallace, y la novela del ladrón de guante blanco Antonio Trent « el perfecto ladrón »  (Anthony Trent, Master Criminal, 1922), de Wyndham Martyn.

« Biblioteca Oro » arranca su actividad con un gran ritmo de difusión, distribución en quioscos, y se presenta en formato pulp, texto a dos columnas, algunos grabados en blanco y negro en el interior y cubiertas ilustradas y ribeteadas con el color de la serie. La « serie amarilla », al igual que Mondadori, edita principalmente novelistas anglosajones muy valorados por aquel entonces como E. Phillips Oppenheim, Valentine Williams o Edgar Wallace; S.S. Van Dine, con el detective aficionado Philo Vance; G.K. Chesterton con historias del padre Brown; Earl Derr Biggers y las aventuras del inspector Charlie Chan, de la policía de Honolulu; o Sax Rohmer y su diabólico doctor Fu Manchú si bien Agatha Christie y Erle Stanley Gardner serán los autores más publicados y se convertirán en el eje de la editorial y auténticos productos de éxito.

Con el inicio de la Guerra Civil, la actividad editorial sufre un colapso al quedar desarticulados los canales de suministro, distribución y venta y se interrumpe su publicación. Pablo del Molino deja al frente de la editorial a su hermano Luis y se traslada a Buenos Aires en 1937, donde funda Molino Argentina y crea la « Biblioteca Oro ». Reúne las tres series en una única numeración, conserva los colores determinados para las temáticas y publicará un total de 370 títulos. La editorial se mantendrá hasta el regreso de Pablo del Molino a España en 1952, debido a la difícil situación laboral y política que vive el país austral.

En 1941, ya finalizada la Guerra Civil, Molino reemprende la « Biblioteca Oro » en España, fusiona las series « amarilla » y «azul» en una única numeración y elimina la « roja ». La colección aumenta su popularidad con obras de Rex Stout, Anne Hocking, Dorothy L. Sayers, Leslie Charteris o Peter Cheyney, y llega a publicar 344 títulos hasta 1956. Al año siguiente reaparece con un formato para librerías más reducido e ilustración a toda cubierta, continúa la numeración pero, a diferencia de « Il Giallo Mondadori », no se actualiza ni contempla la introducción de nuevos autores y tendencias y, poco a poco, inicia un declive que finalizará en 1975 con un total de 674 títulos publicados, convirtiéndose en legendaria en el panorama editorial español.

Otras colecciones siguen la estela italiana de las cubiertas amarillas, como « La Novela Aventura » que publica desde 1933 hasta 1944 novela policíaca y western, con las aventuras del detective Sexton Blake y obras de Sapper, Edward Wallace, Valentine Williams, además de algunos autores francófonos como S.A. Steeman, Georges Simenon, Noël Vindry, Pierre Véry, Éduard Letailleur o Jean Bommart. También la Casa Editorial Maucci presenta en 1941 la « Colección Amarilla », con cubiertas idénticas a las de « Gialli Economici Mondadori », donde publica hasta 1945 clásicos como Wilkie Collins, Émile Gaboriau, Arthur Conan Doyle, R.L. Stevenson, Edgar Wallace, Ellery Queen o Sax Rohmer, con predominio de escritores italianos. Asimismo es destacable la presencia de autores británicos durante los años cuarenta en « Diamante Amarillo » de la editorial Marisal.

La influencia norteamericana

La popularidad del paperback, introducido a gran escala en el Reino Unido por Penguin desde 1935 y divulgado en Estados Unidos a partir de 1939 por Pocket Books, llega a sus más altas cotas con « Gold Medal Books » que, en 1950, es la primera en publicar directamente originales en bolsillo. Por otro lado, con la firma de los Pactos de Madrid en 1953, acuerdos entre Estados Unidos y el Estado español según los cuales se instalarían cinco bases militares estadounidenses a cambio de ayuda económica y militar, España se integra en el bloque occidental tras la etapa de aislamiento internacional de la década precedente y comienza la llegada de productos norteamericanos.

Resulta paradigmático que la recién creada editorial Planeta publique en 1953 la colección «Medalla de Oro», con la traducción de diez títulos originales de «Gold Medal», recreaciones de las ilustraciones originales de las cubiertas y la leyenda en la parte inferior «Edición española de Fawcett Publications, New York» e idéntico logotipo, que en la edición española aparece en el lomo.

La década de los cincuenta trajo consigo un profundo cambio en el panorama editorial de la novela criminal en España. Una vez superada la euforia de los cuarenta, se dejó sentir una leve recesión en la publicación de novelas policiacas en ediciones normales. Una recesión que sin embargo afectó a la cantidad pero no a la calidad. La pujanza de la novela problema de estilo británico comenzó a declinar y en su lugar se fue instalando cada vez más firmemente la novela de acción con fondo realista3.

La influencia norteamericana se hará patente con la creciente aparición de autores «duros» en los catálogos de nuevas colecciones, con historias con mucha más acción, como en el caso de «La Novela Negra» de Mépora que, entre 1952 y 1953, edita en pequeño formato cuarenta y tres novelas cortas aparecidas originalmente en revistas y pulp magazines, firmadas por Carroll John Daly, Dorothy B. Hughes, Cornell Woolrich, Harry Whittington o Erle Stanley Gardner entre otros. Con todo, en la mayoría de los casos la novela negra se encuentra junto a la policíaca de intriga y misterio, pero las cubiertas reflejan imágenes más duras y con más movimiento que en décadas precedentes.

En España, a partir de los años 50 del pasado siglo, se publicaron miles de novelas policiacas influidas por la moda de los pulp magazines, de los pocket books y de los autores hard-boiled estadounidenses. Esa influencia se reflejaba tanto en los textos, que, dentro de lo posible, imitaban los modelos norteamericanos, como en las cubiertas, que reflejaban el universo iconográfico de la novela negra4.

Así, a inicios de los años cincuenta, Luis de Caralt crea «Club del Crimen» donde introduce mayoritariamente la obra de Peter Cheyney y autores como W.R. Burnett, Marty Holland o James Hadley Chase, y a lo largo del decenio sobresalen diversas colecciones con cubiertas ilustradas al estilo de los pocket books norteamericanos, como las de «El Búho» de Gerpla, que publica 100 títulos y entre reediciones policíacas aparecen novelas negras de Dashiell Hammett, Jonathan Latimer, Richard Ellington o George Harmon Coxe e incluso un título de John Amila, Hampa en acción (La Bonne tisane, 1955). La popular «G.P. Policiaca» de Plaza y Janés, que entre 1957 y 1966 editará 266 títulos, en gran parte reimpresiones de novela de intriga; también novedades de autores como Peter Cheyney, John Hadley Chase, Sherwood King, Frank Gruber o Raymond Chandler; algunos franceses, principalmente Pierre Véry, pero asimismo Frédéric Dard, Franck Marchal, Boileau-Narcejac o Albert Simonin, e incluso dos españoles: Tomás Salvador y Mario Lacruz. Es relevante igualmente destacar «El Lince Astuto» de Aguilar que, en papel biblia y encuadernación roja en piel o guaflex, publica volúmenes de alrededor de mil doscientas páginas desde los años cincuenta hasta finales de los setenta bajo el título genérico de « Novelas escogidas », obras de escritores como Agatha Christie, Edward Wallace, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Cornell Woolrich o James Hadley Chase entre muchos otros, además de diez tomos de « Novelas de Maigret », de Georges Simenon.

En los sesenta surgen nuevas colecciones como « Angustia » y « Serie Negra » de la editorial Mateu en las que, además de traducciones de diversos títulos de Fleuve Noir –especialmente de la serie del comisario San-Antonio, de Frédéric Dard–,  publican obras de escritores españoles con seudónimo, entre ellos Terenci Moix como Ray Sorel en Besaré tu cadáver (1963)y Han matado a una rubia (1964). Georges Simenon regresa en 1962 de la mano de Luis de Caralt, y posteriormente como Noguer y Caralt, con un total de 78 títulos hasta 1975. Así mismo resaltan «La Novela Negra» de Tesoro, con 73 títulos de novelistas españoles bajo seudónimos anglosajones5, y «Caballo Negro – Crimen» de Bruguera, donde se introducen en la segunda mitad de los sesenta a nuevos autores como Patricia Highsmith, E.V. Cunningham, Fredric Brown, John Ball o John D. MacDonald, así como algunos títulos de Albert Simonin y Michel Cousin.

La otra influencia norteamericana: la pulp fiction española

De igual manera, la influencia norteamericana se aprecia indirectamente en los escritores españoles de colecciones de novela popular, las «novelas de a duro6», que tuvieron su máximo esplendor entre las décadas de los cincuenta y los setenta. Novelas de reducido tamaño, poco más de cien páginas de papel de baja calidad, con historias de acción muy alejadas de la investigación que conduce al desvelamiento de un misterio y ambientadas habitualmente en los Estados Unidos.

Debido al enorme éxito de la novela negra importada de EE.UU. (este éxito también se debía en gran medida a la enorme difusión por medio del cine y la televisión de esos mismos personajes en España) surgieron por doquier colecciones y escritores españoles que satisfacían esa demanda, dentro de un proceso imparable de pseudotraducciones. En la mayoría de los casos se plegaban a las temáticas estadounidenses y se imitaban desde el nombre (seudónimo del autor en inglés) hasta la localización de la acción: Nueva York, Los Ángeles u otras ciudades norteamericanas, excepcionalmente británicas7.

De esta forma llega al mercado masivo una auténtica pulp fiction producida en España y destinada a las clases populares, en la que «cada editorial tenía un grupo de autores que se encargaban de escribir la mayoría de sus novelas, sobre todo al principio de la edad de oro de la novela popular8». Textos semanales de acción, policíacos o de espionaje, producidos por una amplia nómina de auténticos obreros de la escritura, solían aparecer firmados con seudónimos anglosajones para conferir al producto un aire más internacional. Estos nombres ficticios se utilizaban también «para protegerse de persecuciones políticas, que se dio en algunos autores republicanos en los años 1940 que, temiendo tener dificultades en ganarse la vida con sus nombres auténticos, se escondieron tras seudónimos9»; además, respondían a «la exigencia del editor no sólo por razones comerciales sino, en algunos casos, para poseer el derecho del seudónimo o que el personaje de una determinada colección pueda tener sus novelas escritas por distintos autores10»; e incluso obedecían a «otra razón poderosa y que hacía exigir a las editoriales el uso de varios seudónimos era la de autores prolíficos que no deseaban, dada la cadencia semanal de publicación, que los lectores creyesen que la facilidad de escribir tantas novelas iba en detrimento de su calidad11».

Entre la multitud de colecciones –unas ciento cincuenta y 10.000 títulos de diversos géneros–, destacan «Scotland Yard», de Alhambra con 35 títulos; «cia» con 251 títulos, de editorial Dólar, y «fbi» con 1.220 entre 1950 y 1974, de la editorial Rollán; y más aún «Servicio Secreto» (1950-1985) y «Punto Rojo» (1962-1985), ambas de Bruguera, que desde los años setenta se alzan con la totalidad del mercado del bolsilibro y alcanzarán 1.796 y 1.184 títulos respectivamente.

Ya a mediados de los sesenta surge una nueva colección de género, con planteamientos y diseño mucho más modernos, dirigida a un público lector formado y exigente que marcará la evolución de las posteriores: «Esfinge» de editorial Noguer. Dedicada a la novela negra, la policíaca y de espionaje, publica en tapa dura desde 1964 hasta 1986 junto a autores clásicos de novela negra como W.R. Burnett, David Goodis, James M. Cain o William McGivern y otros más contemporáneos, entre ellos Patricia Highsmith, Georges V. Higgins o Maj Sjöwall y Per Wahlöö; además del espionaje de John Le Carré o Trevanian y policíacos como Ruth Rendell, Friedrich Dürrenmatt o Giorgio Scerbanenco. Le seguirán otras iniciativas como la «Serie Negra Policial» de las Ediciones de Bolsillo, sello conjunto creado por diversas editoriales –entre ellas Barral, Tusquets, Laia y Península– que, en la primera mitad de la década, reúne 60 obras de género que abarcan desde Edgar Allan Poe hasta Donald E. Westlake, con una gran presencia de autores franceses como Honoré de Balzac, Émile Gaboriau, Gaston Leroux, Maurice Leblanc, René Reouve, Gilbert Proteau, Claude Néron, Claude Klotz, Alain Reynaud-Fourton, Jean Laborde, Dominique Fabre, Raf Vallet, Jose Giovanni, Fred Kassak y Jean-Patrick Manchette. También cabe señalar el proyecto de « Círculo Negro » de Los Libros de la Frontera, dirigido por el crítico de cine José Luis Guarner que entre 1974 y 1976 publica entre otras Tatuaje (1974), primera novela de lo que después será la serie Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, así como obras de Julian Symons o las iniciales ediciones de Jim Thompson en España. Algunos círculos intelectuales empiezan a tener en consideración la novela negra y a la vista de ese resurgir del interés por las novelas de crímenes, Alianza Editorial –que ya había publicado con éxito Cosecha roja de Dashiell Hammett en 1967 en la generalista y prestigiosa « El Libro de Bolsillo »– llega a un acuerdo en 1973 con la argentina Emecé para editar « Selecciones del Séptimo Círculo », una recopilación de 50 títulos de la emblemática colección fundada por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Sin embargo, la verdadera influencia argentina vendrá con el exilio.

 La influencia argentina

Argentina es, sin duda, el país latinoamericano donde más arraigó el interés por la novela negra y desde hace más tiempo. Colecciones como « Rastros » de la editorial Acme Agency que, entre 1944 y 1978, publica 650 títulos dan a conocer al público argentino la novela negra norteamericana. También « Cobalto » de Malinca en los años cincuenta, y sobre todo « Serie Negra » de Tiempo Contemporáneo, dirigida por Ricardo Piglia desde 1966 hasta 1977 en la que ya en el primer título, Cuentos policiales de la serie negra, en una nota preliminar firmada como Emilio Renzi señala que:

 Primer volumen de una serie, esta antología busca establecer un espacio que, partiendo del momento de transformación de la policial « clásica » en policial « dura » con el relato de Hammett (…) concluye en el cuento de Cheyney con la parodia misma de los procedimientos que hacen la retórica del género: entre esos límites se irán instalando los más representativos escritores de la serie negra cuyos cuentos y novelas daremos a conocer12.

La llegada en los años setenta de escritores e intelectuales argentinos que huyen del clima represivo que vive el país y de la posterior y sangrienta dictadura militar, junto con los nuevos aires que se empiezan a respirar en la España de los últimos años del franquismo y principios de la democracia, propicia el arranque en Barcelona de lo que se denominará el boom13 editorial de novela negra que, como muy bien justifica Javier Coma:

Este boom tiene muchas explicaciones, pero en cierto sentido puede depender en gran medida de una casualidad editorial. A Bruguera llegaron un tipo de colaboradores de origen sudamericano, para quienes la novela negra estaba muy desarrollada. Este lanzamiento, sin embargo, ha sido muy inteligente y ha pisado un terreno preparado por una minoría de intelectuales que años atrás empezaron a hablar de este género. El boom se debe a la ignorancia que había en relación a la novela negra. Hay que tener en cuenta también, que este boom no habría sido posible hace diez o quince años por los problemas de censura que presentaban muchas de estas novelas14.

En 1971 recala en Barcelona el argentino Ricardo Rodrigo, huyendo de la dictadura de Alejandro Lanusse por su militancia montonera15, y algún tiempo después ingresa en Bruguera como corrector ortotipográfico. En 1976 Rodrigo, hombre inquieto, propone a Francisco Bruguera la creación de una serie dedicada a la novela negra en la ya histórica colección literaria «Libro Amigo», y en 1977 es nombrado director editorial. Poco antes, el escritor Juan Carlos Martini llega al exilio barcelonés e, introducido en Bruguera, Rodrigo le encarga el proyecto de la serie. Como expresa Martini:

La dirección de esta colección fue el primer trabajo con continuidad que tuve en Barcelona a partir de 1976. Publiqué, hasta que en 1983 me fui de la editorial, 82 novelas y escribí los prólogos de las primeras 50. Me di el gusto de editar todos los libros de Hammett y de Raymond Chandler, y lo mejor de la novela negra hasta ese momento, empezando por Ross Macdonald, pasando por Chester Himes, David Goodis y Horace McCoy, y terminando por Maj Sjöwall y Per Wahlöö, un matrimonio sueco que escribe en colaboración16.

Así nace la popular serie « Novela Negra » de Bruguera. No obstante, la influencia argentina no se circunscribe únicamente a la dirección editorial y de la serie, sino que se extiende a otros ámbitos dentro de la editorial, tales como la ilustración de cubiertas, que serán realizadas por creadores argentinos arribados al exilio e introducen una nueva gráfica en el panorama editorial, primero por Mario Eskenazi, Raúl Pascuali y Victor Viano y poco después por Neslé Soulé y Carlos Spagnuolo, que materializarán el diseño definitivo. De igual modo, entre los traductores se encuentra un buen puñado de exiliados como Ana Goldar, Susana Constante, Ana Becciú, Rodolfo Vinacua, Carlos Peralta, Horacio Vázquez Rial o Marcelo Cohen, además de una treintena de títulos del catálogo cuyos derechos de traducción fueron comprados a diversas editoriales argentinas publicados, entre 1940 y 1975, por Fabril –en « Los libros del Mirasol– », Emecé –en « Séptimo Círculo »–, o Tiempo Contemporáneo –en la « Serie Negra »17–.

Mientras aparece « Novela Negra », Bruguera redobla la apuesta por el género con « Club del Misterio », que se convertirá en una de las colecciones más populares de la editorial y de la década. Esta vez dirigida a la distribución directa en quioscos, con el tamaño y la estética de los pulp magazines: papel barato, texto a doble columna, llamativas ilustraciones en las cubiertas de Isidre Monés, diseño del dueto argentino Soulé-Spagnuolo y como logotipo una imagen de Humphrey Bogart y Mary Astor en el film de John Huston Across the Pacific (1942, A través del Pacífico). Con una tirada inicial de cuatrocientos mil ejemplares y un título semanal, se podían comprar aparte las tapas para encuadernar cada siete u ocho títulos en un tomo. Desde finales de 1981 hasta mediados de 1984 aparecen 149 títulos que abarcan el género policíaco en su sentido más amplio, entre los que se hallan obras de autores francófonos como Jose Giovanni, Frédéric Dard, Auguste le Breton, Marcel Allain y Pierre Souvestre, Maurice Leblanc, Jean-Patrick Manchette, Boileau-Narcejac, Honoré de Balzac, Georges Simenon, Émile Gaboriau, Gaston Leroux, Albert Simonin, Sébastien Japrisot y Boris Vian.

El emprendedor Ricardo Rodrigo abandona Bruguera en 1981 para crear junto a Carme Balcells y Roberto Altarriba la agencia de servicios editoriales rba —que bajo su dirección, en 1991 se convertirá en el grupo rba—, y al año siguiente la editorial se declara en suspensión de pagos. Con la recuperación de la democracia en Argentina, Juan Carlos Martini abandona Bruguera y regresa a Buenos Aires en 1984. Tras diversos intentos destinados a salvar la editorial creada en 1910 por Juan Bruguera Teixidó con el nombre de El Gato Negro —que sus hijos Pantaleón y Francisco cambiaron por el de Bruguera en 1939—, finalmente será adquirida el 1986 por el Grupo z y convertida en Ediciones b.

En cierto modo la influencia argentina continuará en la nueva editorial, ya que poco después el periodista argentino Héctor Chimirri exiliado en Barcelona desde 1978, editor del Grupo z y responsable del lanzamiento de Ediciones b, será el director de « Cosecha Roja », que publica 31 títulos entre 1988 y 1990. Una característica colección de tapas rojas que incorpora la información habitual en el reverso de la cubierta mientras que el anverso lo ocupa únicamente una ilustración, a cargo de artistas argentinos como Sergio Camporeale y Óscar Chichoni, sin ningún tipo de información. Otros argentinos serán responsables de las traducciones (Carlos Sampayo, Floreal Maziá, Susana Constante, Carlos Gardini…) o de las notas introductorias (Juan Sasturain, Carlos Sampayo…). Iniciada con Barcelona Connection (1988), de Andreu Martín, publica algunos autores clásicos como Margaret Millar, Jim Thompson, David Goodis o Ed McBain; diversos de la tercera generación norteamericana, entre ellos Simon Brett, Andrew Vaachs, Bill Pronzini, Roderick Thorp y, particularmente, Joe Gores; algunos españoles como Juan Madrid, Mariano Sánchez Soler y Miguel Agustí, o los latinoamericanos Juan Sasturain y Paco Ignacio Taibo II.

De todos modos, ni la ambiciosa selección de títulos de Juan Carlos Martini para la serie « Novela Negra » de Bruguera, ni la aparición por esas fechas del brillante ensayo del especialista Javier Coma18 parece que lograran asentar en España el concepto de novela negra como movimiento literario norteamericano y, en la mayoría de los casos, las nuevas colecciones siguieron publicando sin orden ni concierto una mezcolanza de obras de misterio, intriga, thriller, policíaca y negra –como ya se venía haciendo desde los años cincuenta–, ahora bajo el término genérico de «novela negra19».

Las series publicadas en castellano no poseían ya la ambición en su momento demostrada por la que, con la dirección de Juan Carlos Martini, germinara en la macrocolección de Bruguera « Libro Amigo »; las selecciones de obras escapaban a cualquier posible coherencia, y en los prólogos destacaban con cierta frecuencia la carencia de información, la desgana respecto a la documentación, y la falta de una visión histórica y por tanto realmente crítica, cuando no asomaban errores de bulto20.

El boom editorial tiene lugar en el decenio de los ochenta y se caracteriza por la proliferación de colecciones de corta duración, abundante publicación y en bastantes casos erráticos criterios editoriales. Entre ellas, además de las citadas anteriormente, cabe destacar « Mascarón Negro » de Mascarón (1981-1983); « Círculo del Crimen » de Forum (1982-1985); « Grandes Maestros del Crimen y del Misterio » de Orbis (1983-1988), con series específicas dedicadas a Agatha Christie, Maigret y Arthur Conan Doyle; « Policial » de Plaza & Janés (1984-1985); « DestinoSuspense » de Destino (1984-1987); « BestSellers Serie Negra » de Planeta (1985-1986); « Alfa 7 » de Laia (1985-1989); « Crim » de Martínez Roca (1986-1989); « Las novelas de Maigret » de Forum (1987-1988); « Crimen & Cia. » de Versal (1988-1989); « La Negra » de Vidorama (1989-1990) o « Damas del crimen » de Alfaguara (1989-1992), y entre las que sobresale « Etiqueta Negra » de Júcar, dirigida por Paco Ignacio Taibo II, que publica 130 títulos desde 1986 hasta 1991. La colección se singulariza por una magnífica selección de títulos y pésimas traducciones de autores de la segunda y tercera generación de la novela negra norteamericana, así como de novelistas europeos entre los que sobresalen los franceses Boris Vian, Thierry Jonquet, Jean-Patrick Manchette, Didier Daeninckx y Daniel Pennac.

No obstante, este boom que abarrotó librerías y creó una cierta afición lectora por el género negro tuvo un corto recorrido, saturó el mercado y estalló a mediados de los noventa, con la consiguiente desaparición de todas las colecciones debido a, como hemos apuntado, nefastos planteamientos editoriales:

El bombardeo de títulos, la mediocridad de bastantes obras, el eclecticismo de la selección a la larga culpable, la dispersión de criterios han atosigado al potencial lector, amén de estragar su paladar con demasiados textos desechables, editados únicamente por cuestión dinámica/inercia editorial, que, como se ha visto, ha conducido a la (anunciada) desaparición de colecciones21.

Algunas conclusiones

En conclusión, tres influencias marcaron la evolución en distintos periodos de las colecciones españolas, tanto desde el punto de vista estético como en el de sus contenidos. La aparición de la serie amarilla de « Biblioteca Oro » supuso la llegada de los que serían los grandes clásicos policíacos de la novela británica, vestidos a la moda italiana del momento. Más tarde, reflejo de la popularidad de los paperbacks y con la introducción de los autores duros norteamericanos, las colecciones —y las cubiertas— se llenaron de oscuras historias de detectives, gánsteres y mujeres fatales, que convivían en los catálogos con las historias de intriga y misterio, y también influyeron en una gran industria editorial de evasión en pulpa de papel para las clases populares, que soñaban con una acción desarrollada lejos de la gris realidad del franquismo. Y en el último tramo, fue el exilio argentino quien dio a conocer a los grandes clásicos de la novela negra norteamericana como movimiento literario, originando un auténtico boom que sacudió el mundo editorial. Un boom que, sin embargo, acabó en bluff a los pocos años.


  1. Giralt Miracle, Ricard, Serie Simenon (1948-1953), Madrid : Blur Ediciones, 2003. ↩︎
  2. Eguidazu Palacios, Fernando; González Lejárraga, Antonio,  Biblioteca Oro: Editorial Molino y la literatura popular. 1933-1956. Prólogo de Andrés Amorós, Sevilla : Ulises, Madrid: CSIC, 2015. ↩︎
  3. Vázquez de Parga, Salvador, La novela policíaca en España, Barcelona : Ronsel, 1993, p. 147. ↩︎
  4. Abio, Carlos, “Diseño tipográfico en las primeras novelas negras españolas”,NEO2, 23-4-2024. <https://www.neo2.com/diseno-tipografico-primeras-novelas-negras-espanolas/> (página consultada el 2 de septiembre de 2024). ↩︎
  5. Entre ellos y a modo de ejemplo, señalamos al escritor anarquista Eduardo de Guzmán, firmando con el seudónimo Edward Goodman. ↩︎
  6. Desde los años setenta serán designadas «bolsilibros», debido a la popularidad de una colección así denominada que puso en circulación la entonces poderosa editorial Bruguera. ↩︎
  7. Abio Villarig, Carlos, Políticas de traducción y censura en la novela negra norteamericana publicada en España durante la II República y la dictadura franquista (1931-1975) [Tesis doctoral], Alicante : Universidad de Alicante, 2013,  p. 59. <https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/35561/1/tesis_carlos_abio_villarig.pdf> (página consultada el 2 de septiembre de 2024). ↩︎
  8. Charlo Ortiz-Repiso, Ramón, La novela popular en España, Sevilla : Universidad de Sevilla, 2013, (Literatura; 131), p. 76. ↩︎
  9. Gómez Ortiz, Tomás, «El seudónimo en la novela popular española (1930-1960)», La novela popular española, Madrid : Robel, 2000, p. 137. ↩︎
  10. Ibid.,p. 138. ↩︎
  11. Ibid.,p. 139. ↩︎
  12. Renzi, Emilio, « Nota », Cuentos policiales de la serie negra, Buenos Aires : Tiempo Contemporáneo, 1969. ↩︎
  13. Denominación periodística, reflejo del boom latinoamericano que tuvo lugar en los años 1960 y 1970 cuando se distribuyó ampliamente en Europa la obra de un grupo de escritores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa o Carlos Fuentes entre otros. ↩︎
  14. Vila, Joaquim; Navarro, Txiqui, « Xavier Coma : La novel·la negra catalana encara està per néixer », L’Hora de Catalunya, nº 90, 21-28 enero de 1981, p. 39. ↩︎
  15. Montoneros: organización argentina de guerrilla urbana peronista, activa entre 1968 y 1983. ↩︎
  16. Martini, Juan, «163. Apostillas: La literatura policial I». Vida Real 3.0, [agosto 2013]. <https://vidarealtrespuntocero.blogspot.com/2013/08/163-apostillas-la-literatura-policial-i.html> (página consultada el 2 de septiembre de 2024). ↩︎
  17. Véase Falcón, Alejandrina, « El caso Bruguera: importadores argentinos de novela negra ». En: Traductores del exilio. Argentinos en editoriales españolas: traducciones, escrituras por encargo y conflicto lingüístico (1974-1983), Madrid : Iberoamericana; Frankfurt am Main: Vervuert, 2018. (Estudios Latinoamericanos; 56), p. 111-135. ↩︎
  18. Coma, Javier, La novela negra: Historia de la aplicación del realismo critico a la novela policíaca norteamericana, Barcelona : Ediciones 2001, 1980. (El Viejo Topo). ↩︎
  19. Véase Coma, Javier, « Barnícese de negro y véndase como literatura », CLIJ, nº 7, junio 1989, p. 23-26. <https://prensahistorica.mcu.es/arce/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=2000645256> (página consultada el 2 de septiembre de 2024). ↩︎
  20. Coma, Javier, « Treinta años y un día », marzo de 2010 [artículo inédito]. ↩︎
  21. Freixas, Ramón, «Luces y sombras de un género en receso». La Vanguardia/Libros, 23-10-1992, p. 5. ↩︎

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  • Jordi Canal i Artigas
    Biblioteca la Bòbila
Parution : 08/06/2026
Revue : Líneas
Langue principale : Espagnol

Pour citer
Jordi Canal i Artigas , « Las colecciones negras y policíacas en España: evolución e influencias »Líneas [En ligne], 1 | 2026, mis en ligne le 8 juin 2026.