Primeros intentos de difusión y reflexión del género negro en España: el caso de la revista Gimlet
Resumen: El artículo estudia la andadura de la revista Gimlet, que constó de catorce números publicados entre 1981 y 1982. Dirigida por Manuel Vázquez Montalbán, la revista fue la primera publicación periódica especializada en novela negra y policiaca aparecida en España, y desarrolló una importante labor de difusión y reflexión del género. En las páginas de la revista se publicaron artículos de corte teórico y de creación, de autores nacionales y extranjeros, clásicos y contemporáneos. Partiendo de la importancia y el valor pionero que tuvo la revista, el artículo trata de analizar de qué forma contribuyó a la legitimación de la novela negra en España en un momento en el que comenzaba a forjarse la primera tradición de escritores vinculados a dicho género.
Résumé : L’article étudie la vie du magazine Gimlet, qui s’est composé de quatorze numéros publiés entre 1981 et 1982. Dirigée par Manuel Vázquez Montalbán, la revue a été le premier périodique spécialisé dans le roman policier et le polar à paraître en Espagne, et a réalisé un important travail de diffusion et de réflexion sur le genre. La revue a publié des articles théoriques et créatifs d’auteurs nationaux et étrangers, classiques et contemporains. Partant de l’importance et de la valeur pionnière de la revue, l’article tente d’analyser comment elle a contribué à la légitimation du roman policier en Espagne, à une époque où la première tradition d’écrivains liés à ce genre commençait à se forger.
Abstract: The article studies the life of the magazine Gimlet, which consisted of fourteen issues published between 1981 and 1982. Directed by Manuel Vázquez Montalbán, the magazine was the first periodical specialising in crime novels and detective novels to appear in Spain, and carried out an important task of disseminating and reflecting on the genre. The magazine published theoretical and creative articles by national and foreign authors, both classic and contemporary. The article analyses the importance and pioneering value of the magazine and attempts to analyse how it contributed to the legitimisation of the crime novel in Spain at a time when the first tradition of writers linked to the genre was beginning to be forged.
España, 1981-1982.
Gimlet. Revista policiaca y de misterio permaneció en activo entre marzo de 1981 y abril de 1982, tiempo en el que se publicaron catorce números con una periodicidad mensual. Dado que cumple las principales condiciones establecidas por Osuna –«es una publicación periódica cuyo contenido es exclusivamente literario», «acepta la colaboración múltiple» y «registra muchas valencias [de contenido]»1 –, podría calificarse sin problemas como una «revista literaria». No en vano, es rasgo esencial de este tipo de publicaciones «la inmediatez con que transmiten la coyuntura del momento cultural en que surgieron», lo que se percibe en una inequívoca vocación de presentismo a través de la que «pretende ofrecer el testimonio de un instante» y constatar «las preocupaciones literarias de un momento dado»2, vinculadas en este caso concreto a las particularidades del género negro y policiaco.
La publicación, caracterizada por una perspectiva heterogénea que le llevaba a acoger contenidos tanto de creación como de análisis, supuso toda una novedad en el bullente panorama periodístico español de la época, caracterizado por la continua aparición de revistas, muchas de vida efímera. La llegada de nuevas cabeceras a los quioscos se debió fundamentalmente a dos factores: por un lado, fue una consecuencia directa de la libertad de expresión que trajo consigo el cambio político; por otro, surgió tras la implantación, en el ámbito periodístico, de una cultura de masas que priorizó «el negocio mercantil, abierto […] a las exigencias del público nuevo»3. Frente al monolitismo del mercado editorial en los tiempos de la dictadura, la diversidad ideológica, temática y formal se convirtió en el principal rasgo del panorama mediático durante la Transición, en el que la prensa escrita mantenía todavía un papel preponderante frente a la radio o la televisión, como demuestran fenómenos de la época como la creación de los influyentes diarios El País y Diario 16 o el éxito masivo que cosecharon diversas revistas de información general, entre las que destacó especialmente Interviú.
Ahora bien, pese a ser un inequívoco producto periodístico de su tiempo, Gimlet está también conectada con la tradición de publicaciones de difusión y estudio de novela negra y policiaca que proliferaron en aquellos países en los que el género alcanzó el desarrollo literario y el respeto cultural que en España no pudo tener hasta finales del siglo XX. En concreto, parece fundamental el influjo de revistas francesas como Mystère Magazine, edición de la anglosajona Ellery’s Queen Magazine, o Polar. Le Magazine du Policier, de las que parece tomar algunos aspectos de su estructura e incluso ciertos recursos formales de los que configuran su identidad visual. De la segunda de las publicaciones citadas, creada en 1979 y vigente, tras pasar por diversas etapas, hasta 2001, parece tomar Gimlet su concepción miscelánea, que daba cabida a entrevistas, dossieres, cuentos, reseñas, etc. No obstante, frente a las evidentes similitudes entre ambas cabeceras, se diferencian en la mayor especialización de la revista francesa, más centrada en autores y obras locales. Lejos de interpretar semejante característica como mero rasgo de chauvinismo, lo que parece explicar esta distinción es la diferente consideración que la novela negra y policiaca tenía en uno y otro país. Mientras que la literatura francesa había sido una de las impulsoras del género, desde sus orígenes en el siglo XIX, y había tenido un papel preponderante en su evolución a lo largo del siglo XX, la española, sometida a diversos condicionamientos marcados por el atraso cultural y el efecto en el ámbito de la creación artística de los acontecimientos políticos, había tenido un papel absolutamente marginal. Tal y como llegó a señalar Vázquez de Parga a comienzos de la década de 1990, «hasta tiempos muy recientes no han existido novelas policíacas españolas en absoluto porque las novelas que se escribían en España o eran policíacas o eran españolas pero difícilmente ambas cosas a la vez»4.
En consecuencia, Gimlet asumió un papel introductor del género, otorgando a la revista un tono didáctico del que carecía Polar, y, al mismo tiempo, privilegió, frente al análisis y la reflexión característicos de la cabecera francesa, un valor difusor que le llevó a dar a conocer en algunos casos y a ayudar a consolidar en otros a los nuevos autores que, en el contexto de la Transición, estaban comenzado a configurar la primera tradición de novela negra de la literatura española. No en vano, en las páginas de los catorce números que se fueron publicando aparecieron artículos o cuentos de, entre otros, Andreu Martín, Mariano Sánchez Soler, Juan Madrid o Jorge Martínez Reverte, cuya presencia en la revista, unida al papel de director que desempeñó Manuel Vázquez Montalbán, confirma que, por encima de todo, Gimlet nació con la firma convicción de dignificar el género negro y policiaco que sus propios creadores representaron. En cierto modo, podría decirse que el nacimiento de la revista fue el lógico efecto provocado por la irrupción en el panorama narrativo, desde mediados de la década de 1970, de una nueva generación de escritores que, en su deseo de experimentar, asumieron la estética realista y los resortes formales de la novela negra como forma de representar la realidad social y política española del momento.
Del mismo modo que esos autores necesitaban un órgano difusor que los aglutinase y legitimase, haciendo así que la publicación desempeñase un papel similar al que ejercieron en aquellos mismos años las numerosas colecciones editoriales especializadas en novela negra, los escasos estudiosos del género que había por aquel entonces en España se sirvieron de Gimlet para dar visibilidad a su trabajo. De hecho, antes de la aparición de la revista, habían existido ya tentativas de reflexión teórica en cabeceras como Camp de l’Arpa –que publicó un dossier monográfico en 1979– o El viejo topo, en la que Javier Coma o Salvador Vázquez de Parga colaboraron con textos reflexivos o críticos en alguna ocasión. La revista, pues, no surgió de la nada ni, pese a su condición inédita, debe ser considerada como una excepción absoluta, sino que se incardinó de forma absolutamente coherente en el panorama cultural de su época y, de forma muy concreta, en la situación que en él mantenía la novela negra y policiaca. El propio Vázquez de Parga ha señalado que la creación de la publicación, en la que él mismo colaboró activamente, fue una más de las consecuencias del «interés por el género criminal»5, que desde mediados de la década de 1970 comenzó a despertarse en España, que también provocó la aparición de los primeros libros teóricos o la organización de los primeros eventos universitarios dedicados al tema.
La vocación de herramienta de representación del género está presente desde el primer número, que marcó de forma muy clara la línea editorial de la revista. En un artículo titulado «Indispensable la rodaja de limón», Vázquez Montalbán esbozó toda una declaración de intenciones de los objetivos con los que nacía la nueva publicación, a la que situó en al ámbito de «la novela policiaca en primer lugar, a la novela de aventuras en todos los lugares restantes, a la imaginación y la imaginería de las artes aplicadas a banalizar la dialéctica entre el bien y el mal social», al tiempo que reconoció su valor pionero al señalar explícitamente que no venía «a llenar una laguna sino un océano». La concepción laxa del género como epítome de la narrativa popular, sin distinguir tipologías ni, sobre todo, establecer diferencias entre la novela policiaca y la novela negra, se observa también en la alusión directa a que «en la playa chapotean las comedias posvictorianas de Agatha Christie y en alta mar nadan los negros personajes de Chester Himes». Concebido a modo de presentación, en ese texto señalaba también el autor barcelonés, principal referente de la novela negra española de la época, que Gimlet apostaba «por una tierra libre para la cultura lúdica, para un tipo de literatura que enseñe las mentiras y pide para ellas la sonrisa cómplice de los embusteros», poniendo con ello de manifiesto su concepción del género, a medio camino entre el desafío intelectual derivado de la resolución de la trama de misterio y la crítica que implica su indagación en la violencia sistémica que rige las relaciones sociales y políticas. De hecho, Vázquez Montalbán reconoce que el género «implica una toma de posición y una reflexión sobre el mal social en el mundo contemporáneo» y que «ofrece un paisaje moral sobre el que se mueven personajes a los que se les escapa la risa porque saben lo que son»6.
Complementando ese artículo, cuyo valor fundacional trasciende a la propia revista, pues puede decirse que, pese a su carácter informal y espontáneo, se trata de unas primeras tentativas teóricas sobre el género que se publican en España, en el primer número se incluyó también una esclarecedora e irónica información en la sección de noticias. Se trató de una nota que hacía alusión a un ciclo de conferencias sobre novela negra celebrado en enero de 1981 en la Universidad de Murcia que contó con la participación de, entre otros, Javier Coma, Jorge Martínez Reverte –integrantes ambos del comité de redacción de la revista, aunque solo el primero desde el inicio– y el propio Vázquez Montalbán. Al referirse a la actividad, absolutamente novedosa en una época en la que la atención desde el ámbito académico era prácticamente nula, se señalaba que «la novela policiaca, o negra, o de misterio, o como demonios queramos llamarla, va adquiriendo un cierto aire respetable», aludiendo así los prejuicios que desde las pretendidas elites culturales e intelectuales se seguían vertiendo sobre el género. Incidiendo en esa idea de forma jocosa, la noticia terminaba afirmando que «el Gobierno Civil de Murcia no ha publicado nada respecto al aumento del índice de criminalidad durante el mes de enero»7.
Además de establecer sus principales objetivos, el primer número de Gimlet sirvió para fijar las características que, con algunas variaciones, mantendría la revista durante el tiempo que permaneció vigente. Así, la portada (ver Imagen 1), que mostraba la silueta de perfil de un hombre ataviado con un sombrero de fieltro que empuñaba un revólver, era obra de Bering Comparini, el ilustrador que se encargó de dotar de identidad gráfica a la publicación, deudora de la estética pulp y, al mismo tiempo, de cierta modernidad visual minimalista. En cuanto a los contenidos, la estructura ya incluía algunas de las secciones que con el paso del tiempo terminaron por convertirse en habituales: relatos –en concreto, ese primer número fueron de Dashiell Hammett, Giorgio Scebarnenco, Andreu Martín y, curiosamente, Woody Allen–, noticias, recensiones críticas, entrevistas –presentadas bajo el nombre de «Interrogatorios»–, artículos sobre cuestiones literarias y cinematográficas, montajes fotográficos, tiras cómicas y pasatiempos –de carácter especializado, como el «damero criminal» o los crucigramas en los que muchas de las definiciones estaban relacionadas con la temática de la revista–. Además, evidenciando el interés de la publicación por mantener la fidelidad del público –y también el ya mencionado afán didáctico–, se incluyó la primera entrega de un proyecto de diccionario biobibliográfico que pretendía recoger los principales referentes del género.
A esas secciones se les sumó, a partir del segundo número, un apartado de contacto con los lectores y suscriptores, que podían enviar a través del correo postal consultas, sugerencias y comentarios que eran sistemáticamente contestadas por los miembros del comité de redacción. A pesar de las lógicas dudas sobre la autenticidad de la autoría de las cartas, pues no termina de quedar claro si siempre las mandaba el público o si en alguna ocasión eran los propios colaboradores los que las escribían haciéndose pasar por lectores, la inclusión de esta sección da idea del interés de Gimlet por convertirse en una herramienta identitaria capaz de aglutinar, visibilizar y dar cohesión al colectivo de aficionados al género negro de la época, de forma análoga a lo que ocurre en la actualidad con la inmensa red de festivales que han poblado el Estado español durante los últimos años.
En total, el primer número constó de casi 100 páginas, muchas de las cuales, lógicamente, estuvieron dedicadas a la publicidad, principal fuente de ingresos de la revista junto a las ventas y las suscripciones. Aunque a lo largo de su poco más de año de vida la revista se caracterizó por su regularidad y la homogeneidad que mantuvieron entre sí los diferentes números, a medida que fue pasando el tiempo la cantidad de páginas tendió a disminuir, como corrobora el hecho de que el último número apenas llegó a 60, con la correspondiente pérdida de publicidad –y de viabilidad económica– que ello supuso. La tirada inicial fue de 50.000 ejemplares y el precio de 200 pesetas, que, teniendo en cuenta el cambio de moneda y el efecto de la inflación, equivaldría en la actualidad a alrededor de 6 euros –para contextualizar, en 1981 el precio de un diario era de 25 pesetas y el de un libro en edición de bolsillo de 400 pesetas–, lo que da una idea de la condición de producto periodístico de calidad con la que se quiso presentar Gimlet, más concebida como una revista de fondo, casi de colección, que como una publicación de consumo rápido.
Como fue habitual en todos los números, en la página en la que aparecían el índice de contenidos y la mancheta se incluyó, destacado, el fragmento de El largo adiós, de Raymond Chandler (ver Imagen 2), que explicaba el nombre de la revista al referirse al cóctel alcohólico y, con ello, a uno de los más reconocibles iconos del imaginario de la novela negra estadounidense: «Estábamos sentados en un rincón de Bar Víctor bebiendo Gimlets. El verdadero Gimlet –dijo– está hecho mitad gin y mitad jugo de lima Rose y nada más. Deja chiquito al Martini»8. Curiosamente, a pesar de la importancia simbólica que tuvo para la publicación –y de su notable relevancia dentro del propio género–, Chandler nunca apareció como autor en Gimlet, pues, a diferencia de lo que sucedió con otros autores canónicos del género, jamás se publicó un cuento ni un artículo suyo.


Tal y como ya ha sido mencionado, el director desde la creación de la revista fue Manuel Vázquez Montalbán. Además, en el primer número aparecieron como miembros del comité de redacción los ya citados Javier Coma y Salvador Vázquez de Parga –que, a la postre, fueron los autores que más frecuentemente publicaron en la revista, anticipando en algunas ocasiones contenidos que más tarde utilizarían para algunos de sus libros–, así como José Luis Guarner, Ricardo Muñoz Suay y Jaume Perich. Con el paso del tiempo, también se incorporarían al comité Xavier Domingo, Néstor Luján, Juan Madrid y Jorge Martínez Reverte. Entre la extensísima nómina de colaboradores, que con el paso del tiempo se fue acrecentando, pues cada vez aparecieron más textos inéditos y originales y menos traducciones de autores de épocas anteriores, destacaron los nombres de Óscar Caballero, Eduardo Mendoza –quienes se presentaban como corresponsales, respectivamente, en Francia y Nueva York–, Román Gubern, Andreu Martín, Dómenec Pastor París, Fernando Savater, Mariano Sánchez Soler, José María Latorre, José Martín o Víctor Claudín. Aunque la presencia femenina fue poco más que testimonial, lo que concuerda con lo que ocurría con la novela negra española de la época, en la que salvo excepciones como la de Lourdes Ortiz apenas había mujeres, ni como autoras ni como personajes principales, destaca la presencia en alguno de los números de textos firmados por Maruja Torres, Beatriz Campos, Cristina Fernández Cubas o, en la que probablemente fuese su primera irrupción en la esfera pública, de una por aquel entonces jovencísima Isabel Coixet, que colaboró con un cuento.
Junto a todos estos nombres, formaron parte también de la historia de Gimlet el coordinador Miguel Vidal Santos y los editores Frederic Pagés y Lluís Porcel, a los que se les sumaría después Xavier Sabata, quienes representaban la parte administrativa y empresarial de la revista. Al parecer, las desavenencias que mantuvieron con los colaboradores y los miembros del comité de redacción, fruto de la diferente visión que tenían de la revista –resumida, a grandes rasgos, en el hecho de que los primeros la concebían básicamente como un producto comercial cuyos beneficios había que optimizar y los segundos como un objeto dotado de interés artístico e intelectual– provocaron la paulatina degradación de la revista hasta su finalización en abril de 1982. Según Javier Coma, «ninguno [de los editores] tenía ideas excesivamente precisas en torno a la novela negra ni quería prescindir en modo alguno de una paraliteratura con el enigma en el pedestal a la que rendían tributo ciegamente con vistas a captar tanto lectores como inserciones publicitarias»9. Tensiones como estas ponen de manifiesto que las revistas, al formar parte de forma simultánea de los ámbitos literario y hemerográfico, se ven afectadas por factores externos como «la situación económica, el marco político y legal, el control que los poderes políticos ejercen sobre los medios de comunicación» y, al mismo tiempo, «la intensidad y complejidad de la actividad literaria y cultural»10.
En consonancia con la lógica de las publicaciones periódicas, pese a su carácter independiente y autónomo, los catorce números estuvieron «interconectados, siguiendo una dirección preestablecida»11. De ahí que los contenidos de Gimlet, a lo largo de los diferentes ejemplares, se mantuvieran estables y se caracterizaran por cierto afán de globalidad que les llevó a combinar lo clásico con lo contemporáneo, lo nacional con lo extranjero y lo canónico con lo novel. Así, por ejemplo, en el listado de escritores de los que se publicaron cuentos en la revista aparecen anglosajones, franceses, italianos o españoles de diversas épocas y tradiciones. De los primeros destacan Dashiell Hammett y Agatha Christie, de los que llegaron a publicarse relatos en tres números diferentes, así como representantes de diversas variantes y etapas diacrónicas del género como Arthur Conan Doyle, John Dickson Carr, William R. Burnett, Donal Westlake, Evan Hunter o Ruth Rendell. Su presencia en la revista pone de manifiesto, como ya se ha advertido, la intención didáctica con la que pareció concebirse Gimlet, destinada a convertirse para el lector neófito en una especie de guía capaz de aglutinar algunos de los más emblemáticos nombres de la heterogénea tradición de la novela negra y policiaca. En cuanto a las literaturas francesas e italianas, estuvieron representadas por, entre otros, Georges Georges Simenon, Alain Demouzon, Jean Patrick Manchette o Giorgio Scebarnenco. Y, por último, dentro de los autores nacionales, cuya presencia se fue incrementando a medida que los números de la revista se fueron sucediendo –coincidiendo así también con la cada vez mayor presencia social y editorial del género en España–, Juan Madrid y Andreu Martín, con tres y dos cuentos respectivamente –aunque Martín también publicó algún artículo de reflexión y crítica–, fueron los más frecuentes colaboradores. Demostrando que la voluntad de unir tradiciones y de mostrar todas las épocas del género estuvo siempre entre sus objetivos, en las páginas de Gimlet aparecieron relatos de escritores como Francisco García Pavón o Mario Lacruz, auténticos pioneros de la novela negra y policiaca española al cultivarla de forma excepcional en el anómalo contexto de la dictadura franquista, junto a los de autores noveles en aquel momento como Mariano Sánchez Soler, que incluyó uno de sus primeros relatos en un número de la revista.
Por su parte, los artículos teóricos, que constituían el segundo gran bloque de contenidos de la publicación, convirtieron a Javier Coma, con doce aportaciones, casi una por número, en el principal y más habitual colaborador de la revista. Aunque por aquel entonces solo había publicado dos de sus libros dedicados al género negro –La novela negra (1980) y Luces y sombras del cine negro (1981)– y su labor de activista cultural se había centrado fundamentalmente en el cómic, da la sensación de que Coma encontró en las páginas de Gimlet el lugar perfecto para empezar a esbozar alguno de sus emblemáticos proyectos, como el Diccionario de novela negra norteamericana (1985), y que, en consecuencia, la revista estimuló y diversificó su interés por la cultura popular estadounidense, de la que atesoraba un conocimiento enciclopédico. Junto a él, también escribieron de forma recurrente en la revista Óscar Caballero, especializado en cuestiones de literatura francesa; José María Latorre, responsable de muchos de los artículos sobre cine; Néstor Luján, autor de nueve textos centrados en la relación entre la gastronomía y el género negro; o Salvador Vázquez de Parga, el único de los colaboradores que se interesó por la literatura española, quien ya había publicado por aquel entonces Los mitos de la novela criminal (1981), una de las primeras referencias sobre género debidas a un autor español.
Pese a su diversidad temática, los artículos de todos estos autores presentan ciertos rasgos comunes: son breves, más informativos que interpretativos, carecen de referencias bibliográficas y, cuando valoran obras literarias o cinematográficas, lo hacen desde una perspectiva más impresionista que analítica. No son, en sentido estricto, trabajos de investigación filológica, ni siquiera recensiones críticas, sino pequeños esbozos en los que, atendiendo a la siempre presente función didáctica, se pretende dar a conocer autores, obras o aspectos determinados del género. De hecho, en ocasiones hay artículos que no son más que compendios bibliográficos con los que se quiere mostrar la producción de un autor determinado, haciendo así que la revista pase a tener un importante valor documental en un momento en el que, además de no existir Internet, la novela negra solía quedar excluida de los proyectos enciclopédicos o de las historias de la literatura. En cierto modo, podría decirse que lo que transmiten los artículos de Gimlet –entre los que también hubo traducciones de textos publicados en revistas extranjeras, sobre todo francesas, o entrevistas a Eduardo Mendoza, Gregory McDonal o Alberta Thompson, la viuda de Jim Thompson– es una reflexión sobre el género más intuitiva, basada en el inmenso conocimiento y en el gusto personal, que estrictamente teórica o rigurosa. En los artículos dedicados a la literatura no hay análisis narratológicos, ni se aplican sesudas metodologías de estudio, sino que simplemente, y no es poco, se aporta conocimiento y se le ofrecen al lector referencias para poder orientarse en el amplio panorama del género negro y policiaco. Se trata, pues, de una revista más de difusión que de análisis, que conecta así con el espíritu de los libros que con el paso del tiempo fueron publicado los propios Coma o Vázquez de Parga –que, no hay que olvidar, habían estudiado Derecho, y no tenían formación literaria reglada, sino un bagaje descomunal de lecturas y una impresionante lucidez intelectual–, auténticas obras de referencia por la cantidad de datos que aportan, por los nombres que descubren y por la lucidez con la que trazan conexiones sobre autores y novelas del género.
Lejos de ser baladí, esta característica, procedente a la postre del hecho de que los autores de los artículos eran, por encima de todo, apasionados del género, resulta fundamental para entender el sesgo que durante mucho tiempo ha perseguido a los acercamientos a la novela negra en España. Ya en siglo XXI, antes de la eclosión de Internet pero coincidiendo con el inicio del renacer del género que ha terminado por convertirlo en referencia ineludible en el campo editorial y literario, aparecieron publicaciones dedicadas a la novela negra y policiaca como La Gansterera o Prótesis. Al igual que Gimlet, incluían todo tipo de artículos –dossieres, críticas, monografías, noticias, etc.–, siempre elaborados desde el apasionamiento, el conocimiento propio del seguidor militante y la defensa a ultranza del género, situándose así en un ámbito más cercano a la mitomanía y a la afición a la literatura que al rigor teórico, y dirigidas, desde luego, más al aficionado que al estudioso.
En definitiva, a pesar de su innegable valor, que trasciende con mucho su carácter pionero, puede que Gimlet contribuyese indirectamente al mantenimiento de los prejuicios con los que todo lo relacionado con el género ha sido visto durante mucho tiempo desde el ámbito académico. Más allá de los condicionamientos provocados por su condición de narrativa popular, da la sensación de que desde diversos ámbitos intelectuales se ha interpretado que el estudio de la novela negra y policiaca era responsabilidad exclusiva de sus lectores, y por tanto estaba influido por una mirada en la que pesaba más el activismo cultural y el apasionamiento que el análisis preciso y la valoración objetiva. Sin embargo, es evidente que la publicación, que en los últimos años ha recibido homenajes por parte del festival BCNegra y de la biblioteca especializada La Bóbila –-que ha elaborado utilísimos índices de contenido de los diversos números–, resulta fundamental para entender la historia de la novela negra en España, tanto la de recepción de los autores foráneos como del desarrollo de la trayectoria de los nacionales. Al de ser una inmensa base de datos, tener una importante función aglutinadora al acoger en la misma cabecera a diversos autores y proporcionar un importante conocimiento, la revista reunió y actualizó «los criterios de valor simbólico y sus páginas son indispensables para advertir los fenómenos que acontecen en el campo literario»12. En consecuencia, en su condición de «instrumento de legitimación literaria»13, puede concluirse que Gimlet contribuyó a consolidar y dignificar a través de la configuración de un aparato paratextual la evolución del género en España.
- Osuna, Rafael, Las revistas literarias. Un estudio introductorio, Cádiz: Universidad de Cádiz, 2004, p. 19. ↩︎
- Ibid, p. 19. ↩︎
- Mainer, José Carlos, Historia y Crítica de la Literatura Española. Época contemporánea, 1975-1980, Barcelona: Crítica, 1981, «La vida cultural (1939-1980). Introducción», p. 13. ↩︎
- Vázquez de Parga, Salvador, La novela policiaca en España, Barcelona : Ronsel, 1993, p. 24. ↩︎
- Ibid., p. 205. ↩︎
- Gimlet. Revista policiaca y de misterio, número 1, 1981, [en línea], disponible en https://revistagimlet.blogspot.com/ (consultado el 8 de enero de 2005). ↩︎
- Ibid. ↩︎
- Ibid. ↩︎
- Coma, Javier, «Un cóctel con excesivo limón» [en línea], disponible en https://revistagimlet.blogspot.com/ (consultado el 8 de enero de 2005). ↩︎
- Sobrino Vegas, Ángel Luis, «Las revistas literarias: una aproximación semiótica», Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica, 2014, nº 23, p. 831. ↩︎
- Pérez Sierra, Cristina, La légitimation du polar en Espagne. Le cas de Francisco González Ledesma [tesis doctoral inédita], Université de Pau et des Pays de L’Adour : 2024, p. 115. ↩︎
- Ibid., p. 116. ↩︎
- Bourdieu, Pierre, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario, 1999, Barcelona, Anagrama. ↩︎
Bourdieu, Pierre, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario, Barcelona: Anagrama, 1999.
Coma, Javier, «Un cóctel con excesivo limón» [en línea], disponible en https://revistagimlet.blogspot.com/ (consultado el 8 de enero de 2005).
Gimlet. Revista policiaca y de misterio, número 1, 1981, [en línea], disponible en https://revistagimlet.blogspot.com/ (consultado el 8 de enero de 2005).
Mainer, José Carlos, Historia y Crítica de la Literatura Española. Época contemporánea, 1975-1980, «La vida cultural (1939-1980). Introducción», Barcelona: Crítica, 1981, pp. 5-16.
Osuna, Rafael, Las revistas literarias. Un estudio introductorio, Cádiz: Universidad de Cádiz, 2004.
Pérez Sierra, Cristina, La légitimation du polar en Espagne. Le cas de Francisco González Ledesma [tesis doctoral inédita], Université de Pau et des Pays de L’Adour, 2024.
Sobrino Vegas, Ángel Luis, «Las revistas literarias: una aproximación semiótica», Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica, 2014, nº 23, p. 827-841.
Vázquez de Parga, Salvador, La novela policiaca en España, Barcelona : Ronsel, 1993.
-
Javier Sánchez Zapatero